lunes, 22 de noviembre de 2010

Grupos y roles

Negociar el rol dentro del grupo supone mover las fuerzas que lo ponen en marcha y lo hacen funcionar, porque negociar el rol significa que cada uno de los miembros se ubique dentro del grupo y asuma sus funciones y responsabilidades formales, su posición jerárquica y sus relaciones informales con los demás.

Los grupos pasan por diversas etapas, la primera de ellas es el acercamiento. Cuando un grupo se constituye en un principio, se da la circunstancia de que todos sus componentes se observan atentamente. Existe una cierta necesidad de ubicarse, de saber con qué tipo de personas se va a tener que tratar, aunque el líder es, con diferencia, el más observado. En cuanto al liderazgo, representa un período crítico ya que existe mucha dependencia del jefe del grupo. En esta etapa el líder tiene que crear un clima positivo centrado en la tarea y en las formas de realizarla, también es su tarea detectar las motivaciones y actitudes iniciales de los miembros del equipo en cuanto a funciones, tareas y responsabilidades.

La comunicación del líder en esta etapa de acercamiento tiene que estar muy cuidada hacia todos los miembros del equipo, para ello, debe ser consciente de quién le gusta más, quién menos, y cuando se dirija a alguno delante del resto, controlar esas emociones y mantener el mismo tono. De los miembros del equipo se espera una actitud de aprendizaje, apertura y colaboración con el resto de los compañeros.

Conforme se vive en grupo, cada persona pone en juego una manera de comportarse que tiene que ver con la relación que establece con el resto. Estamos ante el desarrollo del rol. La relación entre los miembros sigue un proceso que se puede denominar química interpersonal, en el que a partir de la imagen que cada uno percibe de los otros, se va desarrollando una relación de afecto o rechazo, que puede ser más o menos intensa con el paso del tiempo. A raíz de la observación entre unos miembros y otros se establecen unas jerarquías informales. Durante esta etapa los miembros del grupo se están empezando a conocer unos a otros, con lo que ello implica un riesgo en las relaciones. La labor del líder debe ser más parecida a la de un observador que a la de un gestor, aunque no debe dejar que la comunicación entre los miembros de su grupo transcurra sin saber nada acerca de ellos.

Existe una tercera etapa en la que los miembros ya se conocen lo suficiente para tener establecida una estructura en las relaciones del grupo. La imagen de los otros está definida y cada uno ha desarrollado su rol dentro del grupo, de manera que todos lo perciben de un modo diferenciado. Si algún miembro no se ha mostrado aún, es posible que genere recelo entre los compañeros. Es en esta etapa cuando aquellos que no están de acuerdo con el mapa de relaciones tienden a desencadenar algún conflicto, es un periodo crítico del líder como conservador del equilibrio emocional del grupo: todos se deben sentir a gusto y motivados. El líder debe salir al paso de los conflictos y proporcionar soluciones.

En la siguiente etapa, se crea el estatus del grupo, sus señas de identidad, sus valores, su comportamiento y sus pensamientos. También se fijan las relaciones internas, las estructuras de poder, los roles, la contribución personal y el nivel de compromiso. Es en esta etapa cuando más difícil será cambiar la dinámica de grupo, a no ser que el líder cambie o se produzcan cambios importantes entre las personas que lo componen, desembocando en una nueva etapa de transformación, de manera que se pueden producir nuevas incorporaciones o salidas del grupo, un cambio de la dirección, reorganización y reestructuración de las funciones o conflictos internos.

En cuanto a los conflictos, suelen considerarse conflictivas las siguientes conductas y situaciones: la no participación o distanciamiento de algún miembro, crítica destructiva de las ideas o el trabajo de los demás, rumores sobre temas personales, no asunción de las funciones asignadas, distracciones y pérdidas de tiempo, etc.

Éstas son conductas que se generan tanto por motivos internos individuales como por fallos a nivel de grupo que son los que conviene afrontar para superar la situación de conflicto. A nivel individual, la causa es que uno o más miembros se sienten excluídos del grupo porque no ha entendido bien los objetivos, porque no entiende su verdadero papel, porque está en desacuerdo con los objetivos a perseguir, por la falta de confianza ya sea en sí mismo o en la eficacia del equipo. Todas estas situaciones generan sentimientos de exclusión, que provocan una reacción defensiva, que se manifiesta de forma más o menos sutil.



2 opiniones:

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

He aprendido con este artículo. un saludo

Conchita dijo...

Ésto se puede aplicar también a equipos de fútbol, la verdad es que tiene bastante psicología. Saludos.